Esto es para mi primo Beto, porque cuando yo estaba por entrar a mi adolescencia y él por salir de la suya, y quizá intuyendo que yo no tenía dinero para comprarlos, me prestaba sus comics de Superman y de Batman. Y ahora, aunque ya casi no nos vemos y mucho menos nos hablamos (él tiene una familia y preocupaciones más importantes que hablar conmigo y yo no me acerco a él porque no quiero meterle ideas locas en la cabeza), yo le prestaría los tantos comics que tengo.
Humo: es como lo llamaban los policías de la delegación Tlalpan, donde había aparecido todas las veces. Era un ratero curioso, casi inocente, por lo que su presencia en los medios de comunicación era casi nula (Quizá, y gracias a su método criminal, en unos mese llegaría a las pantallas). Había hecho once robos durante casi cinco meses. Aparecía los sábados o los domingos en las tardes y sólo en tiendas ubicadas en la calzada Acoxpa, en el anillo Periférico o en la calzada de Tlalpan.
¿Quién era?
Se llamaba Armando Cano y tenía veintisiete años. Era delgado, alto y moreno y tenía los ojos tan juntos que parecía bizco. Había estudiado química en la UAM Xochimilco y después de cinco años se había graduado con 8.2 de promedio. Hasta el año pasado vivía con sus padres y sus dos hermanas menores (las cuales eran madres solteras). Ahora rentaba un departamento pequeño y discreto en la colonia Las peritas, a unas calles de la estación La noria del tren ligero. En su nueva dirección había hecho algunos amigos (de hecho en cualquier lugar donde se paraba simpatizaba de inmediato y sólo con hombres, pues las mujeres se alejaban pensando que era un misógino y que le apestaba la boca). Y cada viernes quincenal todos se dirigían a un table dance ubicado en el Centro de la Ciudad llamado "Vida salvaje" (donde Armando había hecho cierta amistad con una bailarina chilena que había venido a México soñando con ser actriz de telenovelas y que siempre escogía para que le danzara en privado). Y después, borrachos y cada uno sólo con un billete y unas cuantas monedas en la bolsa, iban con las prostitutas de la Merced.
Armando Cano trabajaba en un laboratorio que creaba cosméticos baratos. Él se encargaba de producir perfumes; los cuales eran vendidos a empresas que ponían anuncios rimbombantes en el periódico ("¡Gane 50 mil y trabaje desde su casa!", "¡Gane mucho dinero con actividades sencillas!", "¡Sea su propio jefe"!), llamando a cualquier incauto a sus oficinas y ya allí, tras una charla motivacional, los hacían comprar dichos artilugios prometiéndoles darles trabajo (y el gran sueldo) si los vendían después de un tiempo limitado.
¿Qué robaba?
Armando Cano había decidido estudiar química luego de que en la preparatoria llegó a sus manos un libro escrito hace muchos años. Era "El perfume" de Patrick Süskind y trataba sobre la vida de un asesino que no tiene olor propio, pero tiene el olfato más poderoso del mundo. Tal historia lo marcó profundamente. Y al igual que aquel antihéroe, planeó crear el perfume más atrayente de todos. Que al ponerse unas gotas en el cuello cualquier mujer lo tomara de la mano y ya no se quisiera soltar. Y para tal quimera, sus experimentos y el material, necesitaba mucho dinero. No era una persona ahorrativa; cada quincena perdía la mitad de su salario en prostitutas y teiboleras, y la otra mitad la gastaba en su nueva vivienda, y ya por fin lo que le sobraba lo invertía en su muy lejano sueño.
Él era un joven apasionado por el rock, los videojuegos y el fútbol. Al no tener dinero, pero si muchos deseos, decidió robar ciertas cosas para su diversión. En sus once robos sólo una vez vació la caja registradora (y es que su madre había sufrido un infarto y estaba internada en un hospital privado); las restantes ocasiones tomó de uno a diez objetos por vez: una consola de videojuegos, una guitarra eléctrica, un saxofón, un tocadiscos, cinco memorias que guardaban discografías completas de mil grupos distintos, un traje de realidad virtual, una chamarra de cuero, los guantes autografiados de un portero ya muerto llamado Adolfo Ríos, etc...
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2 comentarios:
Nadie comenta las primeras partes, deben creer que lo importante está en el fina, pero.. mmm .. ¿es que nadie comentó el primer libro de Harry Potter? Sin uno no hay dos. Que quede sentado a quien pase por acá, comenten el primero, segundo y tercer lugar.. sino, ps para que blogs.. [una mentadita por el amor de dios]
Estoy de acuerdo, al menos escriban algunas groserías. Pero no tan fuertes, porque me pondré a llorar.
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