viernes, 1 de mayo de 2009

El feliz abandono de Pierre Auguste Renoir. (1-2)

Para Mario Navarrete, alias Zyen, porque a pesar de llevar una vida tan intensa en la preparatoria, con tantos amigos locos e irresponsables alrededor (uno de ellos era yo), acabó la escuela con buen promedio, en tres años, sin reprobar materia alguna y por supuesto: nunca supo como eran los examenes extraordinarios.




Se movieron como sombras. Ágiles, fugaces, hipnóticos. Las calles que cruzaron, si bien de día lucían vitales, trabajadoras y accesibles, de noche eran fauces con los dientes afilados. Tenían la una de la madrugada en el reloj, pero no sentían miedo sus corazones. A veces se escondían tras autos empolvados o tras los troncos de árboles frondosos. En otras ocasiones mostraban la cara y reían como locos. Pasaron de la colonia Ermita a la Miravalle y luego a la Portales. Y cada cierto tiempo, en alguna pared que no estuviera tan destruida, plasmaban sus nombres de batalla sintiéndose rebeldes. Zyen, Macre, Tikus y Natchios: cada uno de ellos con una pequeña mochila y dentro una o dos latas de aerosol.
Alto, delgado y con anteojos, Tikus escribió "Tikus" sobre una pared azul cielo. Cuando terminó dibujó un par de curvas que simularon ser unas nalgas.
- Esté es el culo de tu amiga.- dijo dirigiéndose a Zyen, quien fue el segundo en concluir su pinta.
- ¿De Tania? - y éste sonrió - Es más grande.
- ¡Pinche culo que se carga esa vieja! - comentó Macre.
- Me gustaría echarle aceite y que me bailara en tanga.- la sonrisa de Tikus se ensanchó.
- ¡Pinche chaqueto!... esa vieja ha de tener estrías.- pronunció Natchios de una manera distraida.
Zyen hizo más grandes las curvas de Tikus y éste dibujó unos genitales masculinos abajo. Los cuatro muchachos de diecinueve años rieron durante unos segundos; cada uno evocó alguna imagen que tenían de Tania Erika Medina y que les resultaba exitante.
- ¿Y ahora a dónde vamos? - preguntó Zyen y miró en rededor la silenciosa y oscura calle donde se encontraban.
- Hacia adelante.- anunció Natchios.
Caminaron abajo de la banqueta. Sus expresiones eran prepotentes y sus platicas trataban sobre amigos, grafitis y mujeres. Y aunque los consideraban gordos y lentos y más que preocupación sentían desprecio al verlos, se escondían al descubrir policías manejando patrullas.
Eran los primeros momentos del sábado y Zyen y Macre llevaban casi doce horas juntos. Iban en el mismo grupo en la preparatoria. A las dos de la tarde se vieron en la escuela y luego de que las clases acabaran y de cenar tacos afuera de una estación del metro, fueron a la casa de uno y luego a la del otro para dejar sus cuadernos y recoger sus aerosoles.
Natchios era alto, robusto y moreno y su cabello era chino, pero desde unos meses atrás llevaba dreadlocks. También, desde un par de semanas atrás buscaba que una chica llamada Petunia (pero apodada "Mil ojos" porque usaba lentes y tenía doce modelos distintos que se cambiaba diario) fuera su novia. Luego de las clases había ido a una fiesta en la colonia Nativitas, porque creía que ella también iría. Ante sus ausencia bebió tres caguamas completas y trató de besar a una quinceañera sin lograrlo.
Tikus llegó a su casa a las diez de la noche, cenó rápido e hizo la tarea de literatura mientras veía el noticiero. Recibió la llamada de Macre quince minutos antes de medianoche y salió a la calle cuando, a su parecer, sus padres dormían.
Macre usaba siempre gorra para esconder la incipiente calvicie que su padre le había heredado. Le gustaba la música electrónica y esa noche llevaba puesto sólo un audifono; con una oreja oía lo que sus amigos le decían, con la otra escuchaba "Midnight Madness" de los Chemical Brothers. Sin que nadie le hubiese dado el mando y sin queja alguna, los dirigió por el rumbo que le pareció mejor. Y a la mitad de una calle particularmente sucia, tuvo que detener su avanzada porque Natchios gritó:
- ¡Aquí!
Un muro de diez metros de longitud y casi tres de alto se presentó ante ellos. Era gris (en otros tiempos blanco), pertenecía a un terreno baldío y a excepción de una esquina, no tenía propaganda, ni grafitis, como si alguien lo hubiese preparado para ellos. De inmediato Zyen y Natchios tomaron sus lugares. Tikus observó con recelo las casas circundantes y Macre se ajustó el otro audifono y le subió a "Out Of Control" de los Chemical Brothers.
Natchios se distinguía de todos sus amigos grafiteros porque antes de plasmar únicamente su nombre en alguna superficie, prefería dibujar desiertos o playas, siempre nostálgicos, siempre solitarios. Y lo hacía utilizando el contraste negro con blanco. O en este caso: rojo con negro. Zyen, por su parte, delineó con excesivas curvas su apodo (más bien ya era su nombre. La única que no lo llamaba así era su madre. Ella le decía: Mario) y lo hizo de una manera tan rápida que pensó escribir otra cosa sin decidir qué.
- Parece el último dibujo del "Principito".- Tikus señaló lo que hacía Natchios.
Natchios había dibujado una estrella roja y y abajo una estrella de mar negra. Y con éste color y una curva, sugería una pequeña duna. Se disponía a crear un mar de sangre cuando oyó lo siguiente:
- ¡Dejen allí pinches chámacos!
...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

En iniciación (secundaria) conocí a un chico que también se llama Mario Navarrete, su segundo apellido es Ayala.
Al igual y como lo describes en tu nostálgica y gran dedicatoria, el Mario que yo conocí tambien era brillante, gracias a él supe que Saturno es tan poco denso que si lo colocaras en el mar, flotaría...

me hiciste recordar cosas muy amenas y te lo agradesco mucho. Sigue escribiendo y yo en alguna parte seguiré leyendo.

:)

Ricardo dijo...

Recuerdo que alguna vez también llegué a pintar en la ciudad. Nuestras pláticas también tenian que ver con mujeres y grafittis, todo era diversión...
Gracias por los gratos recuerdos

Alfredo Cuauhtémoc Pérez dijo...

Gracias a ambos por las lecturas. Y sobre Mario Navarrete: no recuerdo su segundo apellido (hace tiempo que no lo veo). Pero lo conocí en la preparatoria 8, donde estudié. Mide 1.70 y es blanco de piel, además que vestía (¿viste aún?)como skate.
Y otra vez: ¡Gracias!