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Lo segundo que planeó esa tarde de abril fue tener un disfraz.
No fue una decisión sencilla. Quería que el traje le infundiera temor a los criminales, pero a la vez confianza a los defendidos. Quería que fuese una armadura, pero también ligero y aerodinámico. De un material fácil de lavar, que las manchas de sangre que le cayesen se quitaran con una tallada. Quería un color serio, pero también tan llamativo que quien lo viese se deslumbrara. Hizo varios bocetos a lo largo de los años, aprendió a coser, pero nunca su mano terminó un disfraz. Algunos meses mantenía una idea, hasta que, viendo películas o comics o el Internet, cambiaba de parecer. Por fin, dos meses antes de presentarse como superhéroe, compró en un puesto de ropa usada una malla roja que le cubría el cuerpo hasta el cuello (abajo de ésta planeó ponerse espinilleras, concha, antebrazos y peto hechos de un metal ligero, pero resistente). En una tienda de comics consiguió una capucha y una capa (en una sola pieza) y ésta última podía cubrirle su enorme cuerpo hasta los tobillos. El material era cuero y de hecho ésta prenda formaba parte de un disfraz de Batman que la tienda llevaba años sin vender. La capucha presumía orejas puntiagudas, que Danny cortó con precisión. Para sus pies compró unas botas (nuevas y con casquillo) en una tienda militar. Amarrada a su cintura llevaría una bolsa minúscula donde guardaría un reloj, chicles y una pequeña agenda electrónica, además de un mapa del centro de la Ciudad(lugar que decidió volver su zona de vigilancia). Y como punto final cosió en su pecho, cerca del corazón, tres palabras que alguna vez significaron algo: Justicia. Esperanza. Libertad.
Lo tercero que planeó esa tarde de abril cuando tenía 8 años de edad fue ahorrar dinero.
Danny Torrentera fue un ser con una disciplina férrea. A pesar de sus impulsos infantiles, adolescentes, la mayoría de veces depositó las monedas y billetes que recibía en alcancías de barro que representaban figuras de superhéroes y que rompía cada año. Aunque los tuvo, sus objetos de diversión (comics, videojuegos, revistas pornográficas) fueron mínimos. Cada año, en cambio, se hacía con artilugios que podrían ayudarle en su futuro labor como superhéroe. En su casa, en su jardín, en su cuarto, debajo de su cama y dentro de una caja de seguridad, si alguien buscaba podía encontrar aparatos de ejercicios, una computadora demasiado potente, programas avanzados (sobre criminología, armas, mapas detallados de la Ciudad de México, técnicas de primeros auxilios, etc...); gafas negras blindadas, gafas de rayos infrarrojos, una pistola de láser, una pistola de balas 9 MM, un botiquín, herramientas para abrir puertas o metales pesados, algunos productos químicos para producir gases, un radio que atrapaba la frecuencia de la policía e incluso un insecto robot que podía servir de espía y reproducir audio y vídeo...
A pesar de la casa inmensa donde vivía, la familia de Danny Torrentera pertenecía a la clase media (los padres de su padre si habían alcanzado un gran escaño en la pirámide social, pero una de las tantas devaluaciones que México sufrió a finales del siglo veinte les arrebató casi todo). A pesar que su salario de medico era decente pudo juntar una gama de artilugios que casi cualquier luchador del crimen envidiaría. El dinero que no ahorró lo destinó a las necesidades que cualquier casa mexicana demandaba; y a su madre. Ella era el único ser vivo que ocupaba la mayoría de sus pensamientos. La mantuvo fuera de su decisión de ser superhéroe, ¡de su poder!, pero sabía que algún día tendría que decírselo. Era por ella que quería una Ciudad de México pacífica, era por ella que saldría cualquier cantidad de noches para lograr su objetivo.
Y luego de tanta espera, de decirse que aún no estaba listo cada que sentía las ganas imperiosas de comenzar su aventura, llegó otra tarde de abril. Tenía 30 años de edad y se conmemoraban 22 de haber descubierto su poder. Tenía entrenamiento, métodos, equipo y un disfraz. Pero sobre todo tenía ilusión, la ilusión de un niño de 8 años.
Y al llegar la noche el mundo conoció a otro Superhéroe.
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