martes, 5 de mayo de 2009

No dormir, seguir soñando, no dormir, seguir

Una vez cada dos años llega el insomnio; sí, ataca desprevenidamente con moscos (dos por lo general), con patrullas a lo lejos que dan vueltas (al mismo lugar), perros quejumbrosos y excitados (siempre de la vecina del fondo) y cuetes o balazos que vienen de la esquina (donde esta la tienda de la ventanita).
Sí, a veces se acompaña (en días calurosos) de bochornos y posiciones incomodas o (en días fríos) de miembros congelados y espantosos hipos. Algunas veces el insomnio nos atormenta en forma de preguntas que nos hacen llorar (ese es el mejor de los casos, sabemos que después de llorar uno duerme plácidamente exprimido) y otras veces (las peores) con la mente en blanco que se aburre deslumbradamente con el foco.
El insomnio, bueno para los días de largas tareas he inspiración desorbitante, malo para las vacaciones inesperadas y desesperantes.
Llega a mediados de un ciclo, te hace recordar lo que no has hecho, contestar cuestionarios que en el proceso natural de descanso jamás contestarias y te hace visitar el baño mucho más de lo normal (es un buen diurético). Y se transforma, ¡imagínense!, se transforma en el más poderoso repelente de sueños e historias, a la vez, válgame la paradoja, que se vuelve en el boceador de historietas sin final más solicitado por los dedos y el escritor.
Así es, mi querido insomnio, te conviertes en un hacedor cuando deshaces. Como el arte: jamás terminas...
Y así me parece, que jamás terminare por dormirme y sin embargo cerraré los ojos, daré vueltas enrredándome en las cobijas y a las cuatro de la mañana despertaré y me hallaré dormida diciendomé...
-Mentirosa, tú lo que tenias eran ganas de escuchar a toda la noche, ordeña-silencios... ¡Despierta!
- ¡Que cruel, deja dormir!

No hay comentarios: