sábado, 9 de mayo de 2009

La patética muerte del Capitán Meteoro. (Parte inicial)

(Dedicado a Esteban Hernández, fundador de este blog y que, me parece, también quiere flotar sobre la Ciudad de México.)


Lo primero que planeó fue ejercitarse.
Durante 22 años se levantó a las 6 de la mañana, durante 6 días a la semana, para correr 30 minutos por el inmenso jardín. Media hora más la ocupaba en ejercicios varios que cambiaba cada día (desde abdominales y lagartijas hasta caminar con las manos y dar marometas hacia atrás). Con el tiempo fue adquiriendo aparatos de ejercicios y ya cuando cumplió 30 años de edad podía verse un gimnasio respetable en el patio de su casa.
No fue un muchacho sobresaliente en los estudios, sus calificaciones siempre eran 8 ó 7. Lo que de verdad le preocupaba, donde brillaba cual oro entre carbón, eran los deportes. Participó en cualquier equipo, en cualquier disciplina deportiva, que hubiese en las escuelas donde estudió. Un año perteneció al Judo, al siguiente estuvo en Basquetball, después en natación... Y en cada actividad cosechó medallas, impuso records, ayudó en gran manera para que su equipo alzara la copa del primer lugar. Y aquellos diplomas, ayudas monetarias y demás, los obtuvo en categoría juvenil y sólo en la Ciudad de México. Porque cuando llegaba una competencia a nivel nacional, incluso la posibilidad de representar a México en el extranjero, él, misteriosamente, se negaba a participar.
Él se llamaba Daniel... ¡Dani Torrentera! Y de los 10 a los 15 años estuvo practicando box en un gimnasio ubicado en Tepito (donde sabía que provenían los mejores boxeadores que había dado el país y por lo tanto: los mejores maestros). Lo dejó cuando un promotor, viendo su gran disposición para la violencia, trató de convencerlo para que entrara al circuito profesional. Luego entrenó Karate Do durante 11 años, entrando a escuelas a lo largo de toda la Ciudad de México, yéndose cuando los maestros comenzaban a halagarlo demasiado.
Danny Torrentera llegó a medir 1.85 C.M.. Era un ejemplo de musculatura armoniosa, agilidad y simpatía. Era agradable para cualquiera, un poco tímido y sus ojos cafés no podían mentir nunca. Tuvo algunas novias, nunca se involucró demasiado con ninguna de ellas; y al par, al trío de meses rompía la relación en turno aunque sintiera mucho dolor. Tuvo varios amigos: aunque siempre los evitaba, siempre terminaba junto a ellos. Y no sólo en la escuela o en el deporte, entre los vecinos de su calle, entre los pocos familiares que tenía, ¡entre la misma sociedad donde Danny era un punto focal pues representaba los anhelos y las aspiraciones de varios de ellos!, él se mantenía lejano, se marchaba temprano o permanecía en una esquina, como si siempre quisiera estar solo.
En el Karate llegó a cinta negra y ya no quiso más. Continuó estudiando técnicas de combate, cambiando de disciplina cada 6 meses, yendo desde el Muay Thai hasta el Lima Lama.
Estudiando medicina en Ciudad Universitaria fue campeón de fútbol a nivel universidades. Él fue portero, a pesar de su altura y corpulencia, mantenía una agilidad sin parangón. Un visor se acercó cuando su equipo celebraba la victoria, le ofreció una prueba en las fuerzas básicas de los pumas de la UNAM, le planteó un futuro rutilante, donde las edecanes, modelos y actrices caerían con facilidad en su cama; sería un poster en el cuarto de miles de niños, la imagen que aparecería en comerciales de televisión y propaganda diversa; miles de entrevistas y miles de billetes también, viajaría por el mundo, jugaría en Europa, llegaría a un mundial y... Antes de sus 8 años de edad y de esa tarde donde obtuvo un secreto, Dany Torrentera deseaba con ahínco ser futbolista profesional, ir con México a un Mundial y como capitán levantar la copa... ¡¡Como capitán!!... Su corazón se rompió un poco - algunos años después se rompería por completo - al dimitir la propuesta que el visor le había hecho. Se despidió torpemente y al regresar con sus compañeros permaneció sentado cuando ellos brincaban y gritaban una porra.
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