...Un sábado fuí al centro de la Ciudad.
Llevé una mochila negra que llené con algunos libros, comics de Spawn, una figura de acción, videojuegos y discos de música electronica. Con el crepúsculo lacerando la faz de la Ciudad, decidí regresar a casa. Entré a la estación Juaréz del metro. Me detuve sobre la línea amarilla y precautoria del andén. Y mientras planeaba comprar hamburguesas en la estación Tacubaya, noté -a unos metros a mi derecha -que un hombre recorría, insistente, desde la pared hasta la orilla del andén. De una manera discreta volteé a verlo: era un señor güero, algo calvo, alto, con panza. Llevaba puesto un pantalón de mezclilla azul cielo, playera y tenis blancos: su indumentaria estaba sucia. Caminaba de un lado a otro impaciente. Y mientras lo hacía murmuraba groserías. Su rostro turbado y su boca feroz hicieron que desconfiara de él. A pesar que yo miraba de frente, hacia el andén opuesto, por el rabillo del ojo vigilaba a aquel hombre. Temía que de pronto se acercara a mí y me arrebatara todas las porquerías que esa tarde había comprado.
El trén no tardó en acercarse. Y mientrás me rebasaba (yo estaba parado en la mitad del andén), inmóvil, con la cabeza agachada, supe lo que pasaría. ...Aquel hombre, cual árbol en un bosque, se precipitó hacia las vías del trén. Escuche un chillido y luego los frenos del vehículo. Hubo una pausa.
...¡El asesinato perfecto es el olvido!...
Después el conductor bajo del trén, maldijo y corrió hacia el final del andén para llamar por teléfono y quizá pedir ayuda. Los curiosos comenzaron a acercarse, admirar el escupitajo sanguinolento en el que ese hombre se había convertido. Un par de señoras lloraron y un anciano cerró los ojos.
Yo no volteé, aunque hubiese querido hacerlo. Metí las manos en los bolsillos de mi chamarra, me mordí los labios y caminé lentamente hacia la salida.
3 comentarios:
esto me gusto un buen, sobre todo por mi extraña afición al metro. Y también me hizo pensar en ¿que pensaran los hombres y mujeres que matan a los tipos que se avientan a las vias? fue sin querer? matar siempre conlleva placeres quiza seran más felices o quiza no...
Mi sí clama por más. Mercy bocou. Quizá no todos lo hagan pero yo he aprendido lo bueno que es dar las gracias. Y aunque no se entendiera: Gracias, amigo.
Todos estamos al borde del abismo, a todas horas, todos los días, un abismo por el que todos caeremos; la elección no es esa, la elección es si queremos caer pataleando y chillando, o si queremos abrir los ojos y el corazón a lo que sucede cuando empezamos a caer.
Me agrada el detalle con que describes cada momento, cada vuelta, cada palabra... me encantan los detalles. Gracias por deleitarme :)
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