Un sábado estaba en la casa de mi amigo Diego...
...Eran tiempos de bonanza, de irresponsabilidad, nuestros robos y vandalismos eran menores, cada noche soñabamos con mujeres desnudas, cada día gritabamos creyendo ser libres, asistíamos a fiestas cada viernes, no hacíamos las tareas, y por un momento, ¡sólo un momento!, nuestra adolescencia también se llamaba inmortalidad...
Un sábado salimos de la casa de mi amigo Diego - ubicada en el norte de la Ciudad - y caminamos hacia la colonia aledaña donde vive otro camarada, alguien apodado el GORDO.
Un sábado, entonces, eramos tres rebeldes bajo un atardecer inspirador, queriendo hacer algo, pero sin decidir que. Yo, tan necio como siempre, quería jugar un videojuego de peleas. Ni Diego ni el gordo tenían consolas en sus casas por lo que, trás mi vigésima petición, nos encaminamos hacia un centro comercial.
No tardamos en llegar a una avenida sobrepoblada con tiendas para cualquier necesidad; y mientras el gordo y Diego hablaban sobre sexo, yo observaba los alrededores.
En una parada un trolebus se detuvo y permitió el decenso de un tumulto de jovenes. Hombres en su mayoría, lucían frescos y limpios. Con peinados cortos y mucho gel en el cabello. Camisas con el cuello impoluto, pantalones de mezclilla caros y tenis nuevos. A pestaban a perfume, sus celulares sonaban con insistencia.
Me distraje al escuchar algo que dijo el gordo:
- ...Le pregunté a mi amiga: ¿Quieres que te haga sexo oral?. Y ella al principio no quizo...
Cuando mi mirada regresó hacia el frente, hacia aquellos jovenes que parecían postales, entre ellos, noté el caminar de una chica. Un caminar distintivo, solitario, sus formas delicadas y su porte llamativo. Vestía de negro, con elegancia y su cabellera rubia oscura, larga y natural era la cascada de una región aún no descubierta.
Entre aquella barahunda de jovenes presumidos y alguna que otra joven con las piernas demasiado abiertas, ella era un lucero vespertino. Varios chicos la señalaron y otros, al rebasarla, voltearon a ver su rostro atrevidos.
Esa tarde yo me sentía ganador. Sabía que, a diferencia de los tantos otros, ella voltearía hacia mí. El local de videojuegos estaba cerca y yo obligue a que mis acompañantes apresuraran el paso. La rebasamos. Y cuando llegamos a aquel tugurio y mis amigos accedieron, yo me detuve en la entrada y voltee lentamente hacia ella...
...Sí, era hermosa. Tan bella como encontrar vida después de un terremoto devastador. ...Nunca olvidaré a esa chica, a alguien que ahora llamo CASCADA; venga lo que venga en lo exigua que será mi vida: Nunca la olvidaré...
...Sí, era hermosa. Pero su rostro tenía un problema. Su rostro estaba lleno de barros. Barros grandes y rojos. Y quizá por ello sus ojos eran tristes, su expresión melancolica. De pronto volteó hacia mí, nos miramos, e inmediatamente ella, apenada, bajo la mirada. Tal vez pensó que yo era otro de los tantos que la despreciaban, de lo pinches culeros de mierda que se burlaban de ella.
Me sentí atraído, pero también me sentí enojado. Voltee hacia ella otra vez cuando su figura estaba lejos, cuando su imagen se perdió entre la gente. Experimenté la compasión y mis manos se volvieron puños. Mi amigo Diego regresó por mí y con voz firme me reclamó:
- ¡¿No querías jugar maquinas?!
- Ya no - le contesté.
1 comentario:
lA DEVASTADORA UNIFORMIDAD MATA. aHOGA. aSFIXIA.
hAY, O PARECIERA HABER POCAS FORMAS DE EVITAR ESA UNIFORMIDAD, ESA LOCURA, ESA CRUELDAD. pERO LAS HAY.. GRACIAS AL DESTINO QUE LAS HAY!
bUSCAR.
ME GUSTA COMO LO DICES. (PD. RECUERDAS LO QUE TE COMENTÉ ALGUNA VEZ DE LOS ADJETIVOS? CAMBIA DE HISTORIA A HISTORIA. aDEMÁS, AHORA TE ENTIENDO MEJOR)
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