"Ante noche -me acuerdo como en sueños- entredormido, estuve hablando solo una barbaridad, hasta que vino el sueño disgustadísimo a callarme"
Efrén Hernández El señor de palo
Aveces te lloro en las noches de moras, me escondo bajo las cobijas y simulo, apenadita, besarte las corvas. Pero cuando en verdad tengo miedo, me empiezo a comer compulsivamente mis suspiros, y estando llena me levanto al baño descalza; le sonrio al espejo, jalo el hilo de agua y me encamino de nuevo en puntillas a mi cueva tiernamente improvisada. Comienzo de nuevo a mal-soñar demonios dilatados que etereamente se convierten en el sexo que prefieren. Te llamo para que me salves con los cantos que me enseñaste una vez en tu cama, pero no llegas y estos demonios me devoran los lobulos a cada rato, me pelliscan las costillas y me hacen saltar de la cama; intento, deveras que intento matarlos con la soga de mi tripa más hambrienta, pero ellos, malditos sonrosados, se burlan de mi desatino. Y ahí estoy peleandome con mis demonios, y tu que no llegas, me van ganando, 5 a 0, ¿Qué hago?
5:30 pm, hora de levantarse...
Maldición, justo cuando empezaba a ganarles... pero la cobija ya me asfixiaba - a ver si mañana si llegas a jugar, recuerda que yo soy la mala y tu tienes que llegar a matarme.
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