(Así es como comienza mi novela. No debería publicar esto, pero de pronto tengo la necesidad de gritar que estoy aquí. A pesar que siempre estoy tan lejos)
Estoy vivo.
No hay ningún motivo para mi existencia.
Mi presencia, mi mirada, el calor de mis palabras no significan más que un absurdo. El absurdo de la juventud contemporánea en está edad última. ¡Nunca seremos viejos! Camino, pero no hay marcas, mis pasos son fantasmas varados en pueblos. No llevo respuesta alguna, las soluciones se desparraman en el olvido. Y si bien de pronto me muevo, estoy, soy, me vuelvo la causa de efectos violentos, la consecuencia de decisiones estúpidas, no cambiará nada...
Sea lo que sea, pase lo que pase, sabiendo que no soy importante y por lo tanto, al no representar un papel serio ante los otros, mucho más libre... ¡No cambiará nada!...
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