Esto es para ti, breve y aventurera Daniela Barrios.
1
"La realidad es tan vasta que es imposible recorrerla por entero... pero yo podré hacerlo. ¡Yo nací para caminar!" era un pensamiento recurrente, afilado una tarde, risueño la siguiente. Guinda Gómez tenía semanas enteras para reflexionar, momentos inabarcables en los que también se decía que, más que una persona, era una idea.
Se sentía etérea al atravesar las calles donde deseaba morir cuando vieja. Fantástica y sensual para todos sus conciudadanos. Poderosa. Un poder que experimentaba no al recordar que era joven o al asegurarse que era preciosa, sino cuando sus piernas se movían, una adelante de la otra, la otra detrás de la primera, en un ritmo de pronto ligero, de repente turbulento.
2
Guinda era fea. Durante niña y en sus primeros tiempos de adolescencia, los ojos y el pecho le oprimían al mirarse en el espejo. Su piel morena, sus rasgos afilados y su cabellera larga y castaña repentinamente se derretían sobre su cabeza. Sin rostro avanzó por su inocencia, sin rostro poco a poco se enamoró de la soledad.
Guinda era bonita. Cuando cumplió dieciocho años se pintó los labios de un rojo suave, se puso un moño del mismo color en el lado derecho de su pelo y adquirió una revolución al caminar. Era delgada y menuda, inmóvil sería insignificante; en movimiento sus nalgas ligeras y altivas explicaban porque el círculo era sinónimo de perfección . Un maremoto, un eco, un tic-tac. ¡Una explosión cegadora! para todos aquellos presentes cuando ella salía a las calles y las reclamaba para sí.
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