Abril. Los días son calurosos, con un bochorno humillante, asqueroso. Pero las noches, está Noche, la frescura invade mi mundo, alentándome a reír. El viento es excitante... Pero la vida es monótona.
Me he sentido asqueado por la vaguedad de los meses pasados. He querido salir a buscar problemas, ¡aun más problemas de los que ya tengo!, pero la cobardía, por el momento, aprisiona mi cuerpo.
Una tarde, dos semanas atrás, encontré saliendo de la estación Mixcoac del metro a mi amigo Omar Ronquillo alias "Viajes". Notó que ya no tengo el pelo largo (casi nadie nota cuando me lo corto o me cambio de peinado), notó que ahora mi cabello es muy corto y que me lo peino simulando una cresta de gallo. Viajes y yo hablamos sobre los médicos, que ellos tienen el poder, que son los dioses en la tierra porque pueden salvar vidas. De pronto me sentí turbado, que perdía el equilibrio; y no porque no había comido nada en todo el día o porque la temperatura aumentaba en grados enajenantes, sino porque Viajes, en un susurro, reveló:
- Esto es un secreto... El sida se propaga rápidamente. Tanto que con un beso puedes estar infectado. Sólo que los gobiernos lo niegan para que no haya un pandemónium.
Estábamos en una base de autobuses esperando la salida del que llevaría a Viajes a su casa. Y mi estomago gruñió salvajemente cuando descubrí que en la fila contigua a la que nosotros nos hallábamos, una mujer güera, guapa y delgada, me miró con interés sexual. Quizá por ello, quizá por mi falta de alimento o por la inclemencia del sol, comencé a decir idioteces (Dije: "La libertad sólo vive en las mentes de los hombres"). Y cuando creímos que una bomba atómica de un megatón caería en la Ciudad de México, Viajes se despidió de mí.
Llegué a la casa de mis tíos. Comí. Bebí. Me sentí fuerte, guapo, listo para cualquier tipo de aventura...
Pero no hay más. No hay nada. La monotonía se clava en mi garganta. Lo único que puedo hacer es escupir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario