martes, 28 de abril de 2009

Sombras en la Alameda Central.

(Dedicado a Patricio Collado Compean, alias "Cory Matthews", el futuro gran autor de comics y novelas gráficas.)



- Estoy muerto.- pronunció resignado el Hombre Viejo y en sus ojos brilló la inocencia.
- ¡No diga eso! - Ángel respondió de inmediato. Cargó el pesado cuerpo del Hombre Viejo y le dijo para que sintiera esperanza: - Lo sacaré de aquí, lo llevaré a un lugar seguro.
Ambos se movieron dentro de la jardinera, sigilosos, alertas. Eran las once de la noche y la Alameda Central de la Ciudad de México lucía enigmática y maligna. Entraron en otra jardinera y se agazaparon detrás de una reja cubierta de pasto. Los Vigilantes habían entrado al Palacio de Bellas Artes y le dispararon a un grupo de personas. El Hombre Viejo fue el único que escapó y antes que Ángel se acercara para socorrerlo recibió un disparo en el tobillo.
- ¿Le duele mucho? - el joven le preguntó señalando, pero sin mirar, la herida y el Hombre Viejo negó con la cabeza.
Ángel retomó el cuerpo algo pesado del perseguido y ambos salieron del escondite. Atravesaron el camino y nuevamente entraron a una zona verde. Esperaron. De pronto las voces de un par de Vigilantes se oyeron muy cerca. "No deben estar muy lejos" dijo uno y el otro pronunció con desprecio: "¡Pinches extranjeros de mierda!". Por sus sombras Ángel supo donde estaban y antes de salir a enfrentarlos le hizo un gesto al Hombre Viejo para que sintiera confianza. Éste abrió los ojos demasiado y lo vio desaparecer. El joven regresó de inmediato contento por el entrenamiento de kárate que llevaba. Trajo consigo una pistola y se agachó para cargar otra vez el cuerpo de mediano peso del perseguido. Los "Extranjeros" era como popularmente se les conocía a todos aquellos que no eran humanos. El gobierno sólo perseguía - por medio de los "Vigilantes" - a aquellos que habían nacido en Marte. Tenían apariencia humana, pero la gente decía que eran monstruos. Habían llegado a la tierra para provocar desorden, hablando de Igualdad, Tolerancia y Libertad. Términos que ningún humano tenía la valentía de promover.
- El lugar debe estar por aquí.- dijo Ángel y descubrió que el Hombre Viejo lo observaba con asombro.
Pasaron a lado de una fuente de refresco y de un anuncio holográfico. Ángel sabía que cualquier vida merecía respeto, eso era lo que sus padres y su novia le habían dicho siempre antes de desaparecer misteriosamente.
- ¡Allí están! - gritó un Vigilante desde una esquina y empezó a disparar.
Ángel se aferró al cuerpo ligero del Hombre Viejo y mató al par de animales mutantes (mitad perro, mitad gato) que llegaron primero. Hizo lo mismo con los cinco perseguidores que aparecieron. Recibió un disparo en el hombro, pero aún así no soltó el arma. Corrió hacia una última jardinera y allí, atrás de un montículo, estaba un coladera vetusta.
- ¡¡Allí!!, ¡¡allí!! - señaló esperanzado. Abajo, en el desagüe, vivían los Subterráneos, algunos eran viejos amigos de la universidad y los protegerían.
El Hombre Viejo parpadeó un par de veces, Ángel le sonrió y volteó hacia la herida de su hombro, que era superficial. Y antes de alcanzar la coladera se escuchó algo caer. El joven miró con espanto hacia atrás y halló un camino de rocas que los seguía.
Y Ángel supo, con un azoro sin límites y un enojo trepidante, que el cuerpo que cargaba se había desmoronado casi por completo durante todo el trayecto.
- Estoy muerto.- repitió el Hombre Viejo, un segundo antes que su cabeza se volviera una piedra.

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