Salí de la casa de mi madre sin avizarselo a nadie. Me dirigí a la casa de Diego Flores (alias "Palermo" o "Voz chiquita"). Hace casi un año que no lo veía y él no esperaba mi llegada. Nos alegramos. Estuve con él desde las 5:20 de la tarde hasta las 9 de la noche. Recordamos algunas aventuras que tuvimos en la preparatoria (donde nos conocimos), accedimos a la azotea de su casa y él subió una guitarra y tocó algunos clásicos del rock, pero sin cantarlos. Le dije que dentro de algunos días realizaría un examen muy importante, que he estudiado... estoy estudiando fuerte... pero algo me dice que no lo pasaré...
Él me dijo que ya tenía novia. Una chica llamada Alejandra, que tiene 15 años (él, creo, tiene 2i ó 22) y que por lo tanto se siente... incomodo. La diferencia de edades, aunque no es mucha, le pesa demasiado. No quiere faltarle al respeto. Sólo ha besado su boca. Aún no ha llegado a la caricia prohibida o al sexo nocturno. Pensé: "Él también tiene novia... casi todos mis amigos tienen novia... ¿Por qué habrá chicas que me coquetean? ¿por qué me llaman, pero no me reciben?... Me importa, pero poco... algún día brillaré como nunca nadie ha brillado, seré una supernova...".
Fuimos a un supermercado. Entramos para comprar papas fritas y refrescos. Mi chamarra azul apestaba a sudor en la parte de las axilas. No es que no me haya bañado, sino que esa prenda ya llevaba varias puestas y ninguna lavada. Así que nos dirigimos hacia la zona donde se encuentran los desodorantes. No iba a comprar ninguno. Los vi, los oli. Tome uno que no manchaba la ropa y me lo aplique en las axilas, pero sobre la chamarra. Cerca había algunos compradores y una empleada que acomodaba los productos. Diego me dijo que éstos me vieron con extrañeza. Si sus miradas me hubiesen importado me hubiera detenido. Cuando termine el acto olvidé el desodorante (en spray) en el estante. Dejamos aquel pasillo y Diego desaprobó lo que hice.
- ¿Por qué? - me preguntó.
- Porque nadie me lo impide brutalmente. Y si llevan ese desodorante a la caja y me lo cobran, se los pago... fin.
(Pero a nadie le importó... sólo a Diego y a mí, por eso es que ahora lo relato).
- No debes hacer eso.- Diego me dijo, pero no estaba decepcionado o enojado conmigo.
Caminábamos, pero lo encaré y le dije:
- ¡Vamos! ¡¿Donde quedó tu rebeldía, tu intensidad?!
Diego Flores me miró de una manera profunda, como si le estuviese diciendo algo muy importante. Y terminé:
- Eres demasiado joven para hablarme así. Si sigues al pie de la letra todas las normas y leyes de esta sociedad jamás serás libre.
Diego no dijo nada.
De regreso en su casa, cuando comíamos las papas y tomábamos los refrescos, sin querer hacerlo, tiré uno de los vasos hacia la mesa. El líquido naranja manchó el mantel blanco y al mirar aquello, como si fuese la fatalidad, me quedé sin palabras, desarmado y desnudo. Sólo pensaba en una chica que encontré en el transporte cuando me dirigía a la casa de Diego Flores. Yo estaba sentado atrás de ella y admiraba su cabello largo y castaño oscuro y el comienzo de su espalda inmaculada. Ella, cada breve lapso, volteaba hacia la derecha o hacia la izquierda, pero con el rabillo del ojo me miraba. Yo seguía su movimiento y ella regresaba su cabeza hacia el frente como si estuviese orgullosa de su belleza. Y estuve a punto de susurrarle:
Tú serás el primer lucero de la noche.
1 comentario:
Hola,ya extrañaba leerte.siempre es grato. Algo que me gusta mucho de tu escritura es la verdad con la que hablas. Estoy conciente a que se debe a que todo lo que escribes es real, pero si lograras esa verdad en tu ficcion nos transportarias a otros mundos, como ya lo haces, pero mundosen los que podria pasar lo que no pasa. Millan Kundera dice que escribe a partir de la posibilidad que no ocurrio, pruebalo porque mehe dado cuenta que en muchos de tus relatos siempre hay un dejo de pudo ser, pero no fue.
Sigue escribiendo, ya no nos abandones tanto tiempo eh
Por cierto, podras observar que no hay un solo acento en mi comentario, no servia la mugre tecla asi que disculpa
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