lunes, 25 de agosto de 2008

Hear you now.

(Para las dos Sandras que conocí. Una adolescente y tan inteligente. Y la otra que no sobrevivirá mucho en el lugar donde ahora se encuentra. Y esto también es para las chicas pueblerinas que cada domingo asisten a la Alameda Central, a Chapultepec, para divertirse).




Se ha vestido con falda corta y verde. Lleva una pequeña bolsa del mismo color donde esconde maquillaje, toallas femeninas, el celular, una billetera (con la virgen de Guadalupe en el frontispicio), un pequeño mapa de la Ciudad, llaves, un diccionario inglés-español, una foto donde aparece la mayor parte de su familia, pañuelos deshechables, chicles de menta, un condón...
Sandra Gütierrez se ha arreglado como se lo recomendaron en una revista para jovencitas ("quince a veinte", "you", "sebentin", "putitas cool") y me encuentro hermosa. No quiero pasar desapercibida. Necesito atención. Alguien que esté ahí cuando me sienta triste, alguien que comparta mis alegrías. He salido a la calle con el pretexto de tomar un café en la colonia Roma. Lo que de verdad hago aquí , al aire libre, es soñar con otro nacimiento, tener un cuerpo bonito, otra cara, otro color de piel.
Pero Sandra Gütierrez no ha tomado un taxi o un microbús para llegar aquí, ha usado el Metro, bajando en la estación Chapultepec. Al salir de ella un hombre gordo, moreno, pelón, con una playera del equipo de fútbol América, la ha mirado con una extraña mueca que puede significar esto: a) Lujuria. b)Desprecio. c) Burla. d)Sorpresa. e) Una enfermedad facial.
El desorden existente a las afueras de aquella estación del Metro (vehículos, puestos de piratería, de comida, de revistas, gente misteriosa que mendiga pan o roba carteras...) ha hecho que mis pies caminen rápidamente. Sé que es un acto de cobardía huir de los problemas, pero ¿qué puedo hacer yo?... ¡Yo tengo mis propios problemas!
En el café (con "Hear you now" de DJ Holligan oyéndose de fondo) Sandra Gütierrez espera que ese chico alto, güero, con el cabello corto peinado como picos, con un aspecto delicado, refinado, que está sentado dos mesas adelante, repare en ella y comience a coquetearle. Y sino es él, que sea su acompañante: un chico del mismo aspecto, pero con el pelo peinado hacia atrás.
Ni ellos ni los restantes (jóvenes fuertes, elocuentes, prometedores) voltean a verla. Ella experimenta un temblor en las manos, en el pecho y con melancolía bebe un café expreso. Mira hacia allá, la impotencia doblega su cuerpo, la envidia casi la asfixia; mira lo que casi todos los hombres en esté lugar también miran. En una esquina se encuentra un trío de chicas de 23 años, tersas, blancas, núbiles; el perfume embriagante se desprende de sus bocas, de sus cabellos y de sus sexos. Sabiendo que las miran desdeñan tal información.
Regreso a casa. ...La vida puede ser una carga tan pesada... puedo tener un promedio excelente en la escuela, pero ¿para qué me sirve eso? Mis relaciones sociales son casi nulas. A excepción de Roxana, no tengo amigas. Quiero convivir con gente que pueda... ¿Qué clase de gente me permitirá la entrada a su círculo?
He descubierto que mi hermana se prostituye en el trabajo, quizá hasta con el anciano de su jefe. Ahora es fácil explicar el porque de las constantes idas de compras a diferentes centros comerciales de la Ciudad. La ropa que llevo puesta, mi bolsa, mi celular... ¡¿Será posible?!... provienen de... ¡Dios sabe que cochinadas!
Las calles están limpias. Me gustaría vivir aquí, en la colonia Roma o en la colonia Condesa; alejada de mi hermana y de su amiga, que también debe ser una perdida. Pertenecer a un grupo de personas con modales, con futuro; que estén ahí para ayudarte cuando más lo necesites y crean que la violencia nunca es una solución a los problemas. Estoy harta del departamentucho en donde vivo. No quisiera volver a ver a señoras con tubos en la cabeza o mandiles eternamente puestos en sus cuerpos. Ni ver otra vez a personas en el suelo pidiendo dinero. Quisiera respirar otros aires. Ser independiente porque he comenzado a mirarme en el espejo y he descubierto que mi adolescencia se está evaporando: Pronto seré una Mujer. ...Pero no sé si quiera serlo.
Sandra Gütierrez toma un taxi en la avenida Mazatlan. Por la ventanilla ve y se despide de un paraíso en medio de la Ciudad. Piensa en el día de mañana: las clases, los compañeros de grupo (Roxana, Jorge, Tania, Rodrigo, Alfredo...), las horas vueltas promesas que se quiebran con el cero. Regresa a casa para: a) Conversar con su hermana y la amiga de ésta. b) Terminar una tarea escolar. c) Dormir. d) Ver televisión. e) Leer el libro del anarquista.
Reintegrada al concreto afilado, desorientada y deprimida, Sandra escucha su interior: Un solo de piano le hace ganar años y las injurias de gente sin rostro corren por sus mejillas, apabullando implacablemente su vida. Y en la madrugada, enclaustrada, intentará suicidarse por tercera vez.

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