miércoles, 18 de junio de 2014

Demostración pública





La lectura fue insoportable, yo estuve, y tú sabes que fui por lo que iba, la lectura fue un asco. ¿Has visto esos sustitutos de café que venden por kilo? Ogh, no importa. El caso es que pusieron de esa cosa en la mesa y ahí voy de pendeja a echarle media taza a mi café, que llamarlo café es ser políticamente correcto porque no sabía a nada. Causa y efecto, come mierda, bébela y ya verás; la miseria burocrática goteada te va a hacer mal, ¿pues cómo no? Imagínate que tú eres el tal Esteban H, imagínate nada más la pena. ¿No puedes, verdad? Yo tampoco, parece que el tipo ha perdido la cabeza. No quiero ni pensar que me va a llamar al rato para preguntarme sobre acciones legales y consecuencias y tal, son las desventajas de ser conocida. Lo malo de mi teléfono es que no veo quién me llama ni leo mensajes, si no, ni contestaba. C’est la vie, mon petite  poire, c’est la vie. Te cuento la historia muy brevemente. Él es un chico inseguro (mira que cosas), sin dinero, guapo, pero no muy guapo, nada más moderadamente. Ella es la encarnación de la juventud, la piel dulce, el rostro sin mácula. Yo, pues, esa soy yo. Y los dos se encuentran para hacer el amor hasta que el mundo se desmorone o uno de los dos muera. La narración prosigue en un sitio definido por el autor como “atemporal y perverso”, que el muy idiota se enfrentó a los estudiantes de letras después de la conferencia. ¡Como si se pudiera ganar esa pelea! ¡Deschavetado! Total, la mujer o la quinceañera, o quien sea, acaba haciéndole felaciones hasta que muere, seco, sin haber tenido posibilidad de rehidratarse. Es una historia, que, te digo que explicó todo, “reposiciona al hombre como un ser vulnerable”, porque según este idiota “el feminismo anárquico”, cito palabra por palabra, “ha terminado de deshumanizar la presencia sensible del varón”. Menuda sarta de idioteces sin pies ni cabeza.  No es que tengas que ser bueno, de hecho muchos autores son muy malos y eso está bien para mí, son los que inundan las convocatorias y por ende te hacen sentir que tu trabajo es mejor aunque no lo sea. El truco de magia es que no olvides el engaño. Al final de cuentas tener malos autores es como pedirle a una multitud en el concierto de tal que sonría para la foto a la que le vas a yuxtaponer una leyenda que lee “que así sonríen las víctimas después de una violación colectiva”; en necesidad, inspira y funciona, vaya que funciona. Pregúntale a Bolaño, en Barcelona, le encontró la ciencia a ganar concursos literarios y de eso vivió por el resto de su vida. Granuja. La conclusión es que dependemos de los fracasos de los demás en el gremio. Y de hecho así publicó su primera novela, perdona el paréntesis, es que me hace mucha gracia. El caso. No me dejes que me salga del tema, Mauricio. El caso es que este tipo se ganó una de las becas gordas, no la gorda asquerosa sino la segunda gorda. Le pagan por escribir todos los días. Como si escribiera todos los días. Vamos a ser sinceros, vamos a hablar de poeta a autor. No me digas poetiza que te descojono, pendejo. Poetiza tu madre. Y puta tu abuela, por ende. Mira, ¿cuántos días buenos tiene una semana para la literatura? La literatura de verdad, esa que logras escribir y llega como un puñetazo firme en el plexo solar. Un día. Un día de siete. ¿Y de esos “un día de siete” del mes, cuántos poemas de verdad logras? Ninguno. Porque en un mes o dos o tres de trabajo llenas, ¿qué? ¿120 cuartillas a doble espacio? Lo que quieras. Y eso es más absurdo, porque, imagínate, te pagan por escribir por todo un año y no escribes nada que valga la pena. No digo que tú lo sepas, sino que en 20 años, cuando hayas desertado, o te hayas muerto…. No, no es pesimismo. Tenemos una esperanza de vida más baja que la de los actores porno y hay que aceptarlo como es. Y mira que meterte puños por todos lados tampoco es así que digas un paseo por  los Champs-Élysées. Bueno, me acosté con él. Dicho y hecho. Le vi la pija, o como le digas tú a los órganos eréctiles, y me la metí toda, con todo y todo. No pongas caras, Mauricio, eres gay por muy buenas razones y sabes que mi presencia en tu vida implica que estoy aquí para llenarte la mente infemme de vaginas y penes chocando. Es mucho más placentero de lo que te atreverías a admitir tener a una tipa como yo. Su cuento es nada más que una narración de cómo cogimos la primera vez que cogimos, educolorada con romanticismo infantiloide, pero eso es.  Y qué bueno que abordamos a Bolaño que todo esto viene de parte de él. Porque Esteban leyó en uno de sus libros, que personalmente pienso que es idiota comprar libros cuando los puedes expropiar a Esteban, entre otros y algunas, que Bolaño dice explícitamente: la literatura erótica es rara en América Latina, la literatura cómica es más rara todavía. El pobre quiso hacerla de bufón. No le salió. ¿Sabes que puso? Puso barbaridades del talante de: “Y entonces parcharon como balones heridos hasta quedarse sin aire”. La gente de la primera fila, y mira que de cierta manera esta audiencia era una audiencia cautiva y garantizada: toda esa gente echó al unísono los ojos para atrás. Yo me sentí mal por él. La verdad. En otro tiempo tuvimos una relación más carnal, y coger con el tipo no estaba nada mal. Sin importar que de pronto se pusiera cursi y dijera que coger no es hacer el amor y así y asá.  Me llamaba cuando venía a entregar y llevar copias de la Portales y nos íbamos a mi casa, que está prácticamente sobre la avenida y cogíamos. Mucho. A lo mejor no como balones desinflándose, pero hacíamos mucho de eso y, total, está de más su cuento. ¿Por qué? Porque lo que hacíamos era mucho mejor que su recapitulación. Mira, ponme una mano aquí, majo. Ya sé que te da asco, que no entiendes el propósito de las protuberancias. Pero de una como éstas mamaste tú también. Esto es algo que muy pocos seres pensantes han tenido el placer de sentir. Y tú, pero tú no cuentas porque para ti es tortura. La verdadera poesía ya está aquí. Lo que resta es sugerirle a la gente como buscar. No desmenuzar una escena de sexo anal como si no tuviéramos ya muy buena pornografía al respecto. No digo que lo suyo fuera pornográfico, digo que no tenía gracia ni sentido. Y no fui la única que notó la nimiedad. El director de la Fundación que le suelta el dinero pasó por el salón de actos, y te digo esto, muy a su pesar, porque tuvo que defender el cuento de Esteban. Un ex profesor de la facultad de contaduría, que eso me dijeron unos niños que hasta Contaduría se fueron a enterar, se levantó a mitad de la narración y le dijo: “la misiogínia de tu narración me ofende y tu falta de imaginación es vulgar”. Y se salió de la sala. Es el otro tipo anunciado. Horrible. De entrada no es secreto que Esteban es un narrador de poca monta que narra su vida con floretes y florituras y viñedos para confundir a los incautos. Sucede que en la narración el nombre de la tipa con la que me disfraza corresponde a una mujer de la vida real. Es una alumna de este profesor. ¡Y ellos también cogen! Entonces el rumor no fue una cosa de piernas y nalgas, ¡fue el eterno rumor del mar! Y al siguiente día, el “reconocido”, hazme favor, el “reconocido” autor se presentó en la Facultad de Contaduría de la Universidad a rebatir contra el tipo este en una plática abierta que estaba dando. Esteban será muchas cosas, pero no es un hombre sutil. Entro al auditorio usando una máscara de Salinas de Gortari y como en la Universidad no hay seguridad de campus ni policías en eventos de viejitos meditamoribundos, nadie lo detuvo, se bajó la bragueta y orinó el pódium del emérito. La mujer, una tal Artemisa Gorostiaga decidió intervenir. Subió fotos a internet de los dos tipos en cueros y las envió a todo mundo con una leyenda que leía “Canayas, aquí estoy”. Cuando vi esa cosa, solté una carcajada. ¿Cómo era posible? Pero lo que de veras es imbécil es su idea de hacer una cogida conjunta por el internet. ¿Crees tú que yo sé de eso? ¿Un trío artístico poético multidimensional? Porque también prometieron lectura de obras inéditas durante la transmisión.

No hay comentarios: