La lectura fue
insoportable, yo estuve, y tú sabes que fui por lo que iba, la lectura fue un
asco. ¿Has visto esos sustitutos de café que venden por kilo? Ogh, no importa.
El caso es que pusieron de esa cosa en la mesa y ahí voy de pendeja a echarle
media taza a mi café, que llamarlo café es ser políticamente correcto porque no
sabía a nada. Causa y efecto, come mierda, bébela y ya verás; la miseria
burocrática goteada te va a hacer mal, ¿pues cómo no? Imagínate que tú eres el
tal Esteban H, imagínate nada más la pena. ¿No puedes, verdad? Yo tampoco,
parece que el tipo ha perdido la cabeza. No quiero ni pensar que me va a llamar
al rato para preguntarme sobre acciones legales y consecuencias y tal, son las
desventajas de ser conocida. Lo malo de mi teléfono es que no veo quién me
llama ni leo mensajes, si no, ni contestaba. C’est la vie, mon petite poire, c’est la vie. Te cuento la historia muy brevemente. Él
es un chico inseguro (mira que cosas), sin dinero, guapo, pero no muy guapo,
nada más moderadamente. Ella es la encarnación de la juventud, la piel dulce,
el rostro sin mácula. Yo, pues, esa soy yo. Y los dos se encuentran para hacer
el amor hasta que el mundo se desmorone o uno de los dos muera. La narración
prosigue en un sitio definido por el autor como “atemporal y perverso”, que el
muy idiota se enfrentó a los estudiantes de letras después de la conferencia.
¡Como si se pudiera ganar esa pelea! ¡Deschavetado! Total, la mujer o la
quinceañera, o quien sea, acaba haciéndole felaciones hasta que muere, seco,
sin haber tenido posibilidad de rehidratarse. Es una historia, que, te digo que
explicó todo, “reposiciona al hombre como un ser vulnerable”, porque según este
idiota “el feminismo anárquico”, cito palabra por palabra, “ha terminado de
deshumanizar la presencia sensible del varón”. Menuda sarta de idioteces sin
pies ni cabeza. No es que tengas que ser bueno, de hecho muchos
autores son muy malos y eso está bien
para mí, son los que inundan las convocatorias y por ende te hacen sentir que
tu trabajo es mejor aunque no lo sea. El truco de magia es que no olvides el
engaño. Al final de cuentas tener malos autores es como pedirle a una multitud
en el concierto de tal que sonría para la foto a la que le vas a yuxtaponer una
leyenda que lee “que así sonríen las víctimas después de una violación
colectiva”; en necesidad, inspira y funciona, vaya que funciona. Pregúntale a
Bolaño, en Barcelona, le encontró la ciencia a ganar concursos literarios y de
eso vivió por el resto de su vida. Granuja. La conclusión es que dependemos de
los fracasos de los demás en el gremio. Y de hecho así publicó su primera
novela, perdona el paréntesis, es que me hace mucha gracia. El caso. No me
dejes que me salga del tema, Mauricio. El caso es que este tipo se ganó una de
las becas gordas, no la gorda asquerosa sino la segunda gorda. Le pagan por
escribir todos los días. Como si escribiera todos los días. Vamos a ser
sinceros, vamos a hablar de poeta a autor. No me digas poetiza que te
descojono, pendejo. Poetiza tu madre. Y puta tu abuela, por ende. Mira,
¿cuántos días buenos tiene una semana para la literatura? La literatura de
verdad, esa que logras escribir y llega como un puñetazo firme en el plexo
solar. Un día. Un día de siete. ¿Y de esos “un día de siete” del mes, cuántos
poemas de verdad logras? Ninguno. Porque en un mes o dos o tres de trabajo
llenas, ¿qué? ¿120 cuartillas a doble espacio? Lo que quieras. Y eso es más
absurdo, porque, imagínate, te pagan por escribir por todo un año y no escribes
nada que valga la pena. No digo que tú lo sepas, sino que en 20 años, cuando
hayas desertado, o te hayas muerto…. No, no es pesimismo. Tenemos una esperanza
de vida más baja que la de los actores porno y hay que aceptarlo como es. Y
mira que meterte puños por todos lados tampoco es así que digas un paseo
por los Champs-Élysées. Bueno, me acosté
con él. Dicho y hecho. Le vi la pija, o como le digas tú a los órganos eréctiles, y me la metí toda, con todo y todo. No
pongas caras, Mauricio, eres gay por muy buenas razones y sabes que mi
presencia en tu vida implica que estoy aquí para llenarte la mente infemme de
vaginas y penes chocando. Es mucho más placentero de lo que te atreverías a
admitir tener a una tipa como yo. Su cuento es nada más que una narración de
cómo cogimos la primera vez que cogimos, educolorada con romanticismo
infantiloide, pero eso es. Y qué bueno
que abordamos a Bolaño que todo esto viene de parte de él. Porque Esteban leyó
en uno de sus libros, que personalmente pienso que es idiota comprar libros
cuando los puedes expropiar a Esteban, entre otros y algunas, que Bolaño dice
explícitamente: la literatura erótica es rara en América Latina, la literatura
cómica es más rara todavía. El pobre quiso hacerla de bufón. No le salió.
¿Sabes que puso? Puso barbaridades del talante de: “Y entonces parcharon como
balones heridos hasta quedarse sin aire”. La gente de la primera fila, y mira
que de cierta manera esta audiencia era una audiencia cautiva y garantizada:
toda esa gente echó al unísono los ojos para atrás. Yo me sentí mal por él. La
verdad. En otro tiempo tuvimos una relación más carnal, y coger con el tipo no
estaba nada mal. Sin importar que de pronto se pusiera cursi y dijera que coger
no es hacer el amor y así y asá. Me
llamaba cuando venía a entregar y llevar copias de la Portales y nos íbamos a
mi casa, que está prácticamente sobre la avenida y cogíamos. Mucho. A lo mejor
no como balones desinflándose, pero hacíamos mucho de eso y, total, está de más
su cuento. ¿Por qué? Porque lo que hacíamos era mucho mejor que su
recapitulación. Mira, ponme una mano aquí, majo. Ya sé que te da asco, que no
entiendes el propósito de las protuberancias. Pero de una como éstas mamaste tú
también. Esto es algo que muy pocos seres pensantes han tenido el placer de
sentir. Y tú, pero tú no cuentas porque para ti es tortura. La verdadera poesía
ya está aquí. Lo que resta es sugerirle a la gente como buscar. No desmenuzar
una escena de sexo anal como si no tuviéramos ya muy buena pornografía al
respecto. No digo que lo suyo fuera pornográfico, digo que no tenía gracia ni
sentido. Y no fui la única que notó la nimiedad. El director de la Fundación
que le suelta el dinero pasó por el salón de actos, y te digo esto, muy a su
pesar, porque tuvo que defender el cuento de Esteban. Un ex profesor de la
facultad de contaduría, que eso me dijeron unos niños que hasta Contaduría se
fueron a enterar, se levantó a mitad de la narración y le dijo: “la misiogínia
de tu narración me ofende y tu falta de imaginación es vulgar”. Y se salió de
la sala. Es el otro tipo anunciado. Horrible. De entrada no es secreto que
Esteban es un narrador de poca monta que narra su vida con floretes y florituras
y viñedos para confundir a los incautos. Sucede que en la narración el nombre
de la tipa con la que me disfraza corresponde a una mujer de la vida real. Es
una alumna de este profesor. ¡Y ellos también cogen! Entonces el rumor no fue
una cosa de piernas y nalgas, ¡fue el eterno rumor del mar! Y al siguiente día,
el “reconocido”, hazme favor, el “reconocido” autor se presentó en la Facultad
de Contaduría de la Universidad a rebatir contra el tipo este en una plática
abierta que estaba dando. Esteban será muchas cosas, pero no es un hombre
sutil. Entro al auditorio usando una máscara de Salinas de Gortari y como en la
Universidad no hay seguridad de campus ni policías en eventos de viejitos
meditamoribundos, nadie lo detuvo, se bajó la bragueta y orinó el pódium del
emérito. La mujer, una tal Artemisa Gorostiaga decidió intervenir. Subió fotos
a internet de los dos tipos en cueros y las envió a todo mundo con una leyenda
que leía “Canayas, aquí estoy”. Cuando vi esa cosa, solté una carcajada. ¿Cómo era
posible? Pero lo que de veras es imbécil es su idea de hacer una cogida
conjunta por el internet. ¿Crees tú que yo sé de eso? ¿Un trío artístico
poético multidimensional? Porque también prometieron lectura de obras inéditas
durante la transmisión.
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