28/08/12
Veo en un poster a tres señoritas que caminan sonrientes, virginales, presumiendo tanto su dulce belleza como su ropaje y demás artilugios que las adornan. Desvió la mirada de tal propaganda hacia un par de cholos que venden paletas. Uno de ellos, en el vagón del Metro casi vacío, me aborda y con gran amabilidad me pide que le compre una.
- ¡Una! y luego se la regalas a tu novia para que sepa que siempre te acuerdas de ella.- me pide aquel joven totalmente rapado de la cabeza, con una barba trenzada y ropas muy holgadas.
Observo las paletas, la forma de corazón, de estrella, de luna que tienen y con una sonrisa me niego:
- No, ahorita no tengo novia.- y me siento tan estúpido diciendo esto.
No tardo en trasladarme hacia el sitio en el que siempre te espero: una de las jardineras frente al majestuoso palacio de Bellas Artes. Creo con gran ímpetu que alguna tarde me encontrarás sentado aquí. O aún mejor: Tú estés aquí, paciente y solitaria, aguardando algo, sospechando que será la trascendencia...
No hago nada. Sin responsabilidades ni siquiera conmigo. Puedo, entonces, derivar en cualquier cosa. Aprovechar mi abstracción, mi transparencia, para localizarme en el sitio que desee. Mis pasos... más bien, el viento de la fatalidad siempre me traslada aquí; olvidado entre la multitud, ignorado, yo observándolos, ellos con la mirada perdida.
Todo es lejanía mientras yo soy centro. Me detengo en la orilla cuando todos avanzan, alcanzan, son un triunfo y una presunción. Yo siempre estaré solo.
El cielo se desgarra, una música melancólica dota de gravedad esta tarde que se me escapa. Regresaré a casa hastiado de mí, deprimido. Otra piedra habrá caído del mural fantasioso y raro de mi juventud, pedazos sobrarán, nadie podrá restaurarlo otra vez. Llegada la noche estaré tumbado en la caverna de mi fracaso, despatarrado y pesimista. Sólo mi imaginación no me permitirá caer mucho más, hacia ese pozo de sangre que sé que en alguna madrugada me precipitaré.
Terminaré de escribir esto y te esperaré un poco más; paciente, impaciente, sé que hoy no aparecerás.
3 comentarios:
Quizá mañana.. quizá será mañana.
Lo peor, y eso lo digo sólo por mí, es que pienso que si aquel del relato lograra cumplir su fantasía, quizá lo vulgar de la realidad lo dejaría más solo, pues tenemos la manía quijotesca de transformarlo todo en poesía, pero la verdad es, quizá, siempre más ordinaria .
La verdad es ordinaria, pero yo soy fantasía. Tan extraño y solitario que pareciera que no existo. A veces pienso que la chica que busco tampoco lo hace, es un desvarío mío. Y quizá, ¡Quizá mañana nos encontremos! Y la gente me descubra riendo con el vacío.
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