martes, 10 de febrero de 2009

Noche veloz. (1 de 2)

La noche es más veloz que mi pensamiento. Rebasa mis instintos, mis impulsos, mis ideas. Arriba a un buen puerto, dejándome en alta mar. Me oprime, me enloquece, me otorga valentía y me arroja desnudo a las calles. A su paso marchita mis recuerdos, los arranca y los pisotea. Susurra y grita mi nombre. Me reclama para sí, porque, antes que un escritor, yo soy un arma. ¡Soy peligroso porque no tengo nada que perder!
La noche se ha metido a mis ojos, otorgándoles profundidad. Años atrás, de pronto, pillaba mi rostro en algún espejo y descubría la ingenuidad, la ternura, la esperanza en mi gesto. Ahora no encuentro más que rencor, altivez y dureza en una cara que me heredó mi padre. ...Me he corrompido.
La noche me ha empujado a la soledad y a la diferencia. No puedo verme entre una multitud, condenándome o salvándome junto a la gente, ni siquiera me gusta utilizar la palabra "Nosotros". O como digo de pronto: "La importancia de mi ser radica en mi diferencia". Soy diferente, pero estoy solo.
Hay veces que la gente, la ciudad, el día, el tiempo, me producen una alegría enorme; no evito sonreír aunque me gustaría carcajearme. Hay veces, también, que una película o una canción o un libro o un paisaje o una mujer atrapan mi corazón y lo acarician. Siento un dolor en el pecho y una extraña sensación en la garganta. Experimento un escozor en los ojos y evoco, muy lejanamente, lo que es llorar. No lloro ante la belleza, ante la tristeza y el dolor que viven en este mundo porque un tipo duro no llora. Aquella alegría, aquella belleza, que de pronto me acompañan en mi camino, quisiera compartirlas con alguien. Pero volteo y ni siquiera tengo sombra. ¡Soy diferente, pero estoy solo!
De repente me entero de lo que ha sido de las personas que alguna vez conocí. Tienen auto, hijos, trabajos en grandes corporaciones. Han terminado sus carreras y se marchan al extranjero para estudiar un poco más. Se visten de traje, tienen tarjetas de crédito, ahorran para comprar tecnología costosa. Sus borracheras duran más que ayer, utilizan drogas más duras, no temen al ir con prostitutas. Se han casado, divorciado incluso y vuelto a casar. Engañan a sus mujeres, abren las piernas ante cualquiera que insista un poco. Han ganado peso, ha perdido pelo, han tirado su rebeldía en un bote de basura. Han estrechado en demasía su círculo de amigos, comienzan a conformarse y los sueños ya no frecuentan sus noches como ayer. Y sobre todo tienen fotos, miles de fotos donde sonríen porque la regla se los obliga, no porque sean felices.
A veces los envidio, me gustaría tener una vida como la suya. Olvidarme de mis desvelos, de mi kárate, de mi literatura, de mi caballerosidad. Ser una persona normal. Poder extraviarme entre la gente... Pero a pesar de estar entre la multitud siempre tendré un rostro. ¡Siempre estaré solo!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Welcome to the great lonelyness. Now that you know how it works.. do. Make a choice.