El escritor, enfurecido, arrojó el bolígrafo, lejos de sí. Éste calló sordamente sobre aquél maldito escritorio de su padre que de ningún modo, nunca, usaría para escribir, recordó.
Casi rió cuando percibió la última ironía trazada por su mano, en un instante, para variar, y con el bolígrafo, desde la punta de sus dedos hasta aquella superficie plana. Se incorporó y se abasteció de papel.
2 comentarios:
Señor Esteban:
Se ha animado a escribir en este sitio otra vez. Algo que resulta nostálgico, incluso inútil. ¿Alguien nos leerá más allá de nosotros mismos? Yo le ofrezco fidelidad como lector ante todo lo que escriba, sea aquí o en otra parte. (Espero que pronto se anime a escribir una novela, es algo a veces duro, pero también trepidante).
Pronto regresaré por aquí otra vez y más que una promesa, es una amenaza.
Más que tomar su amenaza como tal, la tomaré como un reto. Sí, es muy probable que nadie más que nosotros dos lea esto: ¡un carajo! Pienso en esa novela. Tengo un tema, he de escapar a la debilidad. Lector incondicional suyo número 3, quizá, Esteban el tercero y probable último.
Publicar un comentario