lunes, 12 de mayo de 2008

Cuento de navidad, para leerse en cualquier estación del año.

O poeta é um fingidor.
Finje tâo completamente
que chega a fingir que é dor
a dor que deveras sente.
Fernando Pessoa.
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Inicio.
[INSTRUCCIONES PARA EL ORADOR O PONENETE QUE LO LEA EN VOZ ALTA: léase con un ritmo parsimónico y casi de retahíla.. pero no se duerma! un ejemplo de mi lectura deseada es la película del lado oscuro del corazón: como cuando Oliverio adjetiva y recita sus nuevos textos, así. Si se puede leer con un deliciosamente cínico acento argentino, mejor... pero que me hacés caso?! a leer pibito!]
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Y así por las vacías casas de Andalucía, la calurosa y tropical calle, caminaba un caminante, que más por querer viajar caminaba, que por llegar cierto a alguna parte. Se detuvo en una esquina y se puso a pensar. Miró de reojo a un heladero que sacado de contexto puso como repartidor de mota y cómplice confeso de la mafia. Preguntóse después, muy seriamente, hasta qué punto el hombre había llegado que necesitaba de la naturaleza de la planta verde para esquivarse de su muy natural estado y condena, naturaleza creyente. -Dios, implacable señor nuestro- dijo para si. Entonces apareció Henio, un niño de seis años que comprara en otro tiempo al heladero, pero que sin más dinero en su haber, se dedicaba ahora a mendigar piedad al hombre y con ello buscaba una probadita del fuerte y frió sabor a hielo azucarado. El heladero se negó, como de costumbre, por temor a perder algún cliente al difundirse su benevolencia hacia el pobre, y previniendo futuros chantajes emotivos.
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El niño ya se iba desilusionado y partía, cuando el caminante le solicitó que se volviera su discípulo sin preámbulo alguno. El niño acepto, sin tener nada mejor en la vida que llegar a ser, y ahora sin padres, acaso el sucesor del heladero cuando éste cayera muerto por su mano, o por la falta de hielo en la tierra.
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jUNtos caminaron y el caminador a Henio explico con difíciles pruebas y metáforas no claras, el placer de viajar, placer asceta, placer sin mancha, placer de verdad, único placer engendrado por la madre tierra. El pequeño atendió durante cosa de diez años a las palabras del hombre, y aprendió por sobre todo, la forma correcta de caminar por largos ratos y que no era conveniente engañar a quien como uno es, a un similar, pues tarde o temprano se le mata. De algún modo siempre se le mata.
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Ya crecido, el joven quiso ser independiente, se notó a sí mismo con deseos de conocer y de vivir su propia historia. Miró a su anciano maestro y le dijo, con un dedo en su boca y con el otro en la frente:
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-Ahora es tiempo de que me vaya de tu lado, no hay más que de ti yo pueda sacar, mucho menos es lo que yo a ti te pueda enseñar, lo que viví bastante te ha enseñado ya- terminó con un tono mecánico. Tomó sus tres playeras y sus dos calzones de lana y se fue a buscar suerte a las montañas.
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El viejo se quedó quieto y no produjo su cara gesto alguno durante varios minutos. Durante estos, Henio se fue, llevando de recuerdo el rostro cavilador del viejo -y con un hilito de baba-.
Una vez que Henio se hubo retirado, el viejo se hallo sólo. Cogió un ímpetu suicida y casi logra matarse al siguiente día.
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De no ser porque no tuvo pretexto valido para no volver a trabajar en la fábrica de su pueblo y volver a su casa con su familia, seguro se mata. Así que siempre sabio, el hombre de las cavilaciones retornó a su hogar, a los 77, dulce casa llena de gente y amistades vanas.
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Cuando llego a los ochenta años moría. Pero al no hallar mejor razón para su muerte, se fue en busca de su discípulo para enseñarle una última lección, la que le acababa de ser revelada por los años, y la que escribió en un rollo de papel higiénico: ¡Los maestros siempre matan a sus alumnos! Y allá fue a buscarle a aquél...
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Pero Henio hizo su vida en soledad durante ese tiempo, ignorando su suerte final. Se acostumbró así a la montaña y se acopló muy bien al frío. Un día, conoció a Pera, el hombre lobo. Pera y él se volvieron buenos amigos y se hicieron compañía en los confines de la montaña. Hasta llegaron a compartir libros: Uno, Henio, amante de la prosa de Joyce, y el otro, Pera, amante de las palabras de Proust. Se hallaron similares... y cuando Henio se descubrió potencialmente asesino de su mejor amigo, escapó, se fue una noche de verano, y dejó una carta a su amigo en la que explicaba que las diferencias entre un autor y otro lo había hecho desertar en busca de respuestas y que quizá nunca volviera...
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Cuando bajó la montaña, su maestro le esperaba en una de las salas de espera que tienen los hospitales, ahí dentro, en una pequeña casa hecha con arcilla y con hojarasca, aguardó hasta el momento indicado, cuando Henio regresaba y se disponía a hacerse un chequeo. Le engaño en cuanto le vio traspasar el umbral de arcilla en lo oscuro de aquel hospital, dijo que moría y acerco su boca al oído del joven, para decir sus últimas palabras falsas. Henio no sospechaba que moriría envenenado por un verso y menos aún que se precipitaría allí mismo su deceso. El maestro pronunció las palabras más ocultas que nunca jamás hubiera deseado escribir... y al pronunciarlas, el hechizo les dio muerte a los dos.
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El aire pasaba sobre sus cuerpos que yacían tendidos en el pavimento de la carretera principal del ajusco. La montaña ahora es llamada el monte Grizzli y los dos personajes son recordados como las primeras piedras de la civilización neolatina en el siglo XXI. También fueron los primeros en sentar precedentes al respecto de avistamientos de hombres lobos en Nebraska (Henio, más bien solo). Fin.
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Esteban Hernández III.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Comenzemos...

Antes que nada buen hombre, esas faltas de ortografía hay que cuidarlas al igual que algunos signos de puntuación que no cuadran, no debe quedarse en boceto.
Trate de no mezclar las ideas, sino se pierde el buen comienzo que le ha dado, esto le dará el "boom" que le hace falta.

Pero he de reconocer que ante todo la originalidad y emoción que transmite esta presente, no he de saber si es el primero pero si lo es, tiene un buen arranque.
Esperaré más cosas.
Gracias.

Jane dijo...

...non il primos, non :)

¡os agradesco vuestro comentario!
los signos... lo pensaré bien!(¡) (a veces me pierdo en el mar y a veces solo deseo romper el florero), concuerdo al respecto de las ideas I mixed them Up(mesclado/confundido) ..

Mercy!, mercy!, mercy!

(en frances, en cuanto a la piedad -en ingles-, no se mida señor, escuchare con gusto vuestras palabras).

Mercy.

Anónimo dijo...

En general he de decirle
que no soy muy afecta a
este mundo cybernetico,
tampoco soy afecta a dejar
comentarios... más una persona
por casualidad me encontró y
me pidió su opinión a un cuento? Si, un cuento, eso me dijo así que cuando entré y lo leí y lo releí y lo volví a releer, y lo descansé y lo continué me di cuenta que apesar de los signos de puntuación mal empleados desde perspectiva propia y eso lenguaje entre realista, metefórico y fantasioso era sorprendente encontrarse un cúmulo de emociones encontradas, eso es de admirarse. Yo no creo que sea el primero, más eso no lo puedo deducir a raíz de un cuento. Más he de decirle que no pierda el hilo de los personajes y no trate de mezclar otros y meterlos a la fuerza, bien se sabe que ni a fuerza los zapatos entran. Dele el peso que le corresponde al personaje principal que solo bien puede llevarse a los demás, eso solo lo digo desde un punto de vista muy propio.
Continúe escribiendo.
Y se seguirá leyendo.

Jane dijo...

vaya vaya, lo he corregido, ya frio y mas sesudo. Me gusta.

Los signos no cerrados:

En el inglés no son necesarios interrogativos-exclamativos iniciales, y prove eso en el español tiempo atrás.
Forza al lector a sobreéntonar la pregunta, je, a veces, confieso, me gusta que el lector se dentenga un poco a preguntarse porque tanta piedra que cae del cielo...(Haruki Murakami dice que la tercera persona es como ser dios)

Pues si, no me gustan las cosas fáciles, pero todo lo descrito y escrito tiene su porque en este caso, para algunos más claro para otros no. Dicen que el arte no es excluyente, pero la praxis dice que si... I'm afraid i'm still me.

Sorry si parece que me he mostrado desagradecido, en realidad agradecido con vosotros mis lectores estoy, sigan comentandonos a todos, y gracias sinceras de mi parte por visitar el blog.

ciao!

Anónimo dijo...

El cuento en general me parecio algo confuso, aunque en si es una buena historia pero tiene demasiadas partes que quedan un poco al aire, como por ejemplo la parte en la que Henio se despide de su maestro y a este le da un ímpetu suicida por la soledad y se va a los 77 pero no se sabe bien que es eso, entonces como que te quedas un poco a medias en la historia aunque por un lado es bueno por que asi eso queda a la imaginacion del lector.

La historia es un tanto rapida pero eso evita que el lector se aburra pues a veces es un tanto tedioso detenerse leyendo como pasa todo paso a paso.

En la parte en la que Henio finalmente baja de la montaña como q no le veo sentido a que se fera a hacer un chequeo, y que se haya encontrado con su maestro en un hospital como que esta algo fuera de lugar, hubiera sido mejor un encuentro en otro lugar.

Algo que me encanto del cuento fue la manera en la que inicia ya que no es el tipico en algun lugar jano o erase una vez, y el final cuando se dice que sus cuerpos yacen en la carretera del ajusco pues te hace pensar que la historia puede o pudo haber sido real.

Espero sirva de algo mi humilde opinión, un saludo por allá.

Anónimo dijo...

La idea que maneja el escrito o la idea que yo entendi me parece buena, interesante, el hecho de que las palabras matan o dan vida, al menos que le este dando una mala interpretacion al cuento, pero esa es la idea con la que me quede.
Algo que podria decir es que se puede ser más profundo en algunas cosas, ser más descriptivo, explicar mejor, pienso que se le puede sacar más a las partes como en la que se menciona el ajusco o la casi muerte del caminador y tratar de no usar tantas veces la "y".
Gracias por presentarlo.